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UN PROCESO PLANIFICADO.

  • Foto del escritor: Juan Antonio Gallardo Bueno
    Juan Antonio Gallardo Bueno
  • 26 jun 2020
  • 9 min de lectura

Publiqué mi obra ESTRUCTURA Y PLANIFICACIÓN EN UNA ESCUELA DE FÚTBOL, en 2012. Apenas llevaba unos meses en Angeles. No teníamos el alumnado que luego llegamos a tener pero esa obra es testigo, que ya entonces nos auto imponíamos unas claras premisas metodológicas a nivel de planificación de contenidos para cada etapa. Cualquiera puede acceder a aquella obra y observar que no hemos cambiado mucho respecto a los ciclos en los que dividíamos el proceso, y sobretodo puede comprobar la enorme disciplina que tuvimos, como organización para establecer y llevar a la cancha unos contenidos de entrenamientos planificados y ajustados a las diferentes etapas de desarrollo.

Ángeles Soccer Élite dispone desde 2012 de una planificación de todo el proceso, donde se especifica en cada año, que entrenar en cada año de edad.


En la nota de hoy, les hablaré no del proceso sino de qué obstáculos superamos sobre la marcha para establecer tal planificación en México. Recuerden que cuando empece, la escuela apenas tenía menos de una centena de alumnos. No era tan conocida ni tenía la reputación que hoy, por suerte sí. Quiero hablarles hoy de prejuicios, de negativas de los entrenadores ante la idea de recibir unas directrices desde fuera que les obligaba a entrenar unos contenidos y no otros, que les imponía unos objetivos de la institución y no les daba la libertad que se disponía en los demás lugares. Hubo profesores que abandonaron rápidamente la institución ante mi liderazgo taxativo y poco flexible. Establecimos no sólo unas metas a nivel de contenidos, objetivos, sino que además, nos impusimos la obligación de realizar una evaluación semestral de dicho proceso con cada alumno, que entregaríamos al final de cada semestre a las familias.


En 2012, no sólo no había esta planificación en ninguna otra escuela de México. Aun hoy siguen sin existir en la mayoría y me atrevería a decir que más de una cantera del fútbol mexicano deambula en su proceso de fuerzas básicas sin tal guía de trabajo. En México, se disponía de buenos profesores, vocacionales en su mayoría y con inquietudes de aprendizaje pero se carecía de escuelas organizadas. De instituciones que lideraran a los demás elementos. Es por ello, que las familias en muchos casos secuestraban a los equipos y determinaban que se hacía y que no. El entrenador en esas organizaciones, aceptaba puesto que eran las familias quienes pagaban directamente y por tanto, él no podía más que dirigir a los alumnos en la cancha sin esperar a cambio que no hubiese continuas injerencias por parte de los padres. Así pues, el contexto era bastante distinto a lo que nosotros estábamos en ese momento planteando. Hoy, me hace gracia cuando algunos colegas se quejan de la falta de comprensión del contexto para llevar a cabo ideas innovadoras en sus escuelas. Liderar cualquier cambio es exponerte practicando con el ejemplo sabiendo perfectamente que lo haces y considerando que por más críticas que haya a nuestro alrededor, nuestra gente lo acabará valorando.


Es apostar por lo nuevo si esto nos convence y sin que salirse de la corriente nos paralice. Es no escudarse en modas y respetar la inteligencia de los usuarios para saber que les conviene cuando se le exponen argumentos. Pero para liderar hace falta tener ideas, tener conocimientos y tener experiencia. México, también era un país que no leía y que basaba sus conocimientos sobre muchos ámbitos en el empirismo. Estoy seguro que en muchos lugares de América latina, este fenómeno seguirá siendo así.


Pues ahora volvamos a 2012 y véanme ahí al frente de una escuela que pretendíamos cambiar, con profesores que no leían, que no programaban sus entrenamientos y que no aceptaban que la entidad les dijera qué entrenar, cómo jugar. Al frente de una escuela que no aceptaría la interferencias de las familias. Podrían aceptar nuestras formas y adherirse o saldrían de la misma, pero nunca negociaríamos -seguimos sin hacerlo- con un papá, una mamá, o con un grupo de ellos, qué entrenar y como competir. El proceso metodológico era cosa mía. Mi actitud hubiera sido insuficiente de no contar con el respaldo y afinidad del dueño de la escuela que lejos de coartarme ante mis premisas contra-natura, aportaba sus propias ideas innovadoras. David, no es que tolerara lo que decía, sino que era más innovador aun que yo, y constantemente proponía ideas que aun saliéndose de la corriente aportaban valor al tipo de escuela en la que creíamos. Renuncio pues a que todos me asignen, me adjudiquen las virtudes de una escuela que hoy ya se ganó el respeto y la credibilidad. Yo fui tal vez, un líder terco, y con una determinación a prueba de críticas, de amenazas y zancadillas.

Después de un par de meses en la escuela, editamos unos DOSSIER para los entrenadores donde establecíamos finalidades, objetivos, contenidos y premisas metodológicas y de evaluación que tendrían que seguir.


Las primeras decisiones a tomar fueron siempre hacia el interior. Qué perfil de entrenadores buscaríamos, que reglamentos impondríamos y qué capacitación requeríamos para cambiar nuestras propias formas. Dado que la escuela ya venía funcionando con unos entrenadores, llegar e imponer unos cambios bastante radicales requería de cierta dosis de paciencia y mucha de intransigencia. Se impusieron unas multas económicas para los entrenadores que no siguieran las reglas. Normas tan simples como no llegar tarde a los entrenamientos (bajo ninguna excusa); no usar el celular durante un entrenamiento, venir totalmente uniformado, etc. Dicha normativa fue creciendo, revisándose con el funcionar de la escuela en los siguientes años.


Fue en septiembre de 2012, cuando impartimos nuestra primera capacitación y donde repartimos los primeros DOSSIER DEL ENTRENADOR, junto con un documento que aclaramos era la GUÍA DEL ENTRENADOR, con un reglamento que tenían que cumplir. Lo hicimos en una reunión que se mantuvo periódicamente cada mes para platicar sobre temas importantes del día a día, corregir errores, regañar intensamente a quienes no cumplían con lo que se les proponía, etc. Estos documentos se les entregaba impreso a los apenas siete entrenadores que por aquel entonces teníamos en la escuela, -hoy somos más de cuarenta-. Desde ese instante, Angeles cambió. Y no cambió paulatinamente, sino que fue una revolución radical en sus entrenamientos, en sus competencias. Impusimos no sólo cómo entrenar a través del juego, sino cómo dirigir los partidos (no excesivas indicaciones, dejar jugar, no competir con pelotazos, etc.). Mejorarnos en esas nuevas formas conllevó algo más de tiempo pero lo importante es a veces, iniciar.


¿Querían los entrenadores programar sus microciclo? ¿Querían los entrenadores evaluar a sus alumnos? ¿Querían los entrenadores de entonces, formarse sobre nuestras premisas metodológicas? La respuesta a todas esas preguntas es sencilla, NO. Pero yo nunca les di opción. No les pregunté. Creía que cambiar esas condiciones en el funcionamiento de la escuela era tan necesario para aumentar la calidad que simplemente lo impusimos bajo condición de expulsar al entrenador que no las aceptara o mejor dicho, que no las llevara a cabo. El crecimiento de la escuela, demandó contratar nuevos entrenadores y ello facilitó aun más los cambios propuestos puesto que desde la propia entrevista con los candidatos se les dejaba claro que estaban entrando a un lugar totalmente diferente al resto de entidades.


Recuerdo un día que tuve que entrevistar en LA CANCHITA a un profesor interesado en entrar a la escuela. Tras una breve presentación, le di una hoja en blanco y le insté a que respondiera unas preguntas. ¡Un examen! Les anticipo que no contestó ninguna de aquellas preguntas pero le puse como condición que dos semanas después empezaría a ayudarnos como auxiliar sólo si ya para entonces era capaz de responderlas todas. ¿cuáles eran esas preguntas? Lo recuerdo perfectamente y si lee esta entrada, probablemente él también lo recuerde. Era algo así como dime todo lo que sepas sobre, María Montessori, Pestalozzi, Rousseau, etc. Creo que eran cuatro preguntas y ninguna de fútbol. Me importaba un carajo qué sabía de fútbol, pero para entrenar en ASE era imprescindible saber de pedagogía. Ese tipo de entrevistas con los aspirantes fueron frecuentes y la sensación que creaban en esos profesores marcaba un antes y un después. Aquí, hay que enseñar a niños.


Hace dos veranos, Felipe Siminhuk, llevaba a cabo el primer taller de Auxiliares sin mi presencia. Los contenidos de ese taller, eran una iniciación a la metodología con la que se entrena en ASE. Los candidatos a entrenar en ASE saben que empezarán como auxiliares unos meses, que tendrán que asistir a un curso de nuestra metodología APRENDE A ENSEÑAR, JUGANDO y que tienen que superar un examen antes de recibir un grupo. Los candidatos a entrenar en ASE ya vienen con una idea distinta a cómo recibía yo entonces a los "nuevos". Hoy, los dossier no se entregan. Cada entrenador tiene que aprenderlos. Cada sede tiene un coordinador que revisa las libretas y evalúa la programación del entrenamiento. Las multas por no hacer el microciclo se han reducido hasta el punto de que tal situación sucede una o dos veces por semestre.


El proceso planificado conlleva también una forma de dirigir los partidos y un estilo de juego bien definido que también generó resistencias en aquellos primeros profesores. No podemos salir jugando. Nos presionarán y nos robarán el balón en la salida. -alegaban-. Podemos, y es una marca de identidad por la que puedes reconocer a cualquier equipo de ASE hoy en día. Pero para poder salir jugando, los profesores debieron formarse en el juego de posición, entender cómo se generaban y aprovechaban las superioridades numéricas desde el portero. Tuvimos que generar un cambio en la visión ofensiva del portero al que no se le pasaba la pelota nunca en el entorno, pero que en ASE pudiera ser uno de los jugadores que más balones recibe y más pases da de todo el equipo.

Mis profesores empezaron a dominar el entrenamiento de determinados contenidos. (digo mí, porque estoy orgullosos de todos ellos). Recuerdo lo novedoso que suponía hablar de la fijación, entonces. Hoy en día, todos trabajan con naturalidad dichos conceptos. Los éxitos competitivos que teníamos con los equipos selectivos, confundieron a nuestra competencia. Intentaron imitar lo que veían pero nunca se preocuparon por dotar de conocimientos a sus profesorado. Algunos colegas del medio, me preguntaban cómo le hacíamos. Yo siempre les contestaba que los "secretos estaban a salvo, pues los había publicado en un libro, y en México, no leen". Sí, lo sé, paradójico pero así era. En el mundo del fútbol infantil uno acredita a personas como expertos sin que estos hayan estado nunca en una escuela de fútbol, delante de niños. Guardiola, o Mourinho jamás escribieron un libro pero basta que sus nombres aparezcan en la portada para que miles de entrenadores del fútbol infantil lean sobre sistemas de juegos, modelos, y otras cuestiones afines que nada les aporta a su día a día.


Pero ¿cómo enseñamos? Leer sobre pedagogía, sobre motivación, sobre neuro educación, sobre metodología es bastante más raro. Creer en un proceso planificado es mucho más raro que escuchar a una escuela hablar de planificación. Todas las escuelas del entorno se venden como escuelas "con metodología". Si son una franquicia, dejan entrever que desde sus clubes les envían unas premisas que deben seguir pero esto sólo sirve como reclamo publicitario pero jamás llega a la cancha. Algunos de los entrenadores que en 2012 se resistieron a las premisas que les he expuesto, trabajan hoy en otras escuelas que hablan de planificación en sus redes sociales pero cuando visitas un entrenamiento los sigues viendo como entonces, haciendo "tiros a gol".


La imposición de una metodología requiere pues de varios procesos: de formación y de supervisión. Cualquier familia o profesor que visite un entrenamiento de ASE comprobará que hay profesores proponiendo "juegos" que tienen por escrito en unas libretas que por norma, tienen que tener en el piso para que el coordinador de cancha pueda revisarlas sin interrumpir sus acciones. Además, podrá ver que a menudo pasamos otras personas y nos sentamos a ver la ejecución de esos juegos para retroalimentar a los profesores sobre aspectos a modificar: el espacio fue demasiado reducido, había muchas reglas y los niños no asimilaron facilmente lo que pretendía estimular, etc. Dichos procesos de revisión encarecen el costo del servicio pero mejoran considerablemente la calidad. Y gracias a esa calidad, las familias tendrán claro donde llevar a sus hijos.


Supervisar y ver in situ los entrenamientos es una acción que frecuentemente disfrutamos cuando estamos en Monterrey. Esas acciones, hoy la llevan a cabo otras personas porque son igualmente imprescindibles.


Por último, cierro esta nota donde les he explicado brevemente como ha sido ese proceso de transformación interna en la escuela, hablándoles nuevamente de la actualidad impuesta por el COVID. Muchas escuelas, al igual que hacen con la metodología, la planificación, etc., sólo hablaran de PROTOCOLOS DE PREVENCIÓN DE CONTAGIOS con afán publicitario pero sin mucho interés en seguir unos procesos que forzosamente llevarán un mayor coste y una mayor implicación del profesor. Si ustedes tienen una escuela de fútbol, sigan mi consejo: preocupense por cómo enseñar y asegurense de garantizar a sus familias, que se trabaja bajo esos estrictos protocolos.


Próximamente iremos compartiendo con ustedes algunos documentos -ebooks- sobre tales procesos de formación y planificación, pero en ellos difícilmente podré explicarles los problemas y obstáculos que debemos sortear cuando pretendemos liderar un cambio. Hoy, la reputación nos precede y podría parecer que es fácil haber llegado hasta dichas cotas. Hoy la metodología es un activo de la escuela que cuenta con profesores directamente implicados en la investigación y revisión de los propios procesos, pero quienes esten leyendo esta nota pueden empezar por cosas más sencillas y conforme vayan creciendo, establecer nuevas áreas de trabajo. En todos los casos, el asesoramiento será imprescindible si la metodología no es su fuerte, o si no están familiarizados con la formación de sus entrenadores. En eso, amigos, yo les puedo ayudar.



Juan A. Gallardo Bueno

Especialista en Escuelas de Fútbol Infantil.






 
 
 

2 comentarios


Eder Chacon
Eder Chacon
06 jul 2020

gracias por sus aportes profesor!!!

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oliberiozavala
27 jun 2020

Muy buen tema para seguir aprendiendo dia a dia

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