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FÚTBOL DE CONTRABANDO.

  • Foto del escritor: Juan Antonio Gallardo Bueno
    Juan Antonio Gallardo Bueno
  • 17 jul 2020
  • 10 min de lectura

Actualizado: 18 jul 2020

Se puede prohibir el deporte pero no el deseo de ser deportista, entrenando. Las autoridades actúan irresponsablemente dejando en la clandestinidad una actividad tan necesaria como el ejercicio físico y el entrenamiento deportivo de la infancia.


El ser humano tiende a la libertad. Prohibir es en muchos casos seducir a que desee hacer justo lo que no puede. La educación es la manera más eficaz para que un ser humano acabe queriendo lo "deseable" y rechazando "lo que le perjudica". El hábito y el conocimiento, guiados por una intención de generar en la sociedad transformaciones profundas son la única manera de llevarnos hacia el desarrollo. Pero la educación humana requiere una inversión ingente de esfuerzos generacionales y de años, décadas, que las autoridades apremiadas por el corto plazo no están dispuestas a pagar. Ante esa situación, acaban recurriendo a la legislación de la vida pública mediante prohibiciones que nos alejan a los ciudadanos del compromiso con la solución del problema, nos excluyen de sentirnos partes de ese todo que es la ciudad, el estado o el país.


Los entrenadores han sido un reflejo de una visión de autoridad, autoritaria. El liderazgo que hemos ejercido en los grupos tiene mucho de ese miedo a la libertad de la que nos hablaba Eric Fromm. Hoy, alcaldes, gobernadores y demás representantes de nuestra democracia, invadidos por el miedo y la incertidumbre, han optado por una vía conservadora y autoritaria, de prohibición que se está viendo desbordada continuamente y ante eso, no pueden más que echar la culpa a la sociedad del fracaso alegando que no cumplimos con las indicaciones. Muchos de los entrenadores en formación que me ha tocado asistir en su aprendizaje, alegan como excusa que sus jugadores no hicieron lo que ellos les habían pedido y que por eso se perdió el partido. Ambos demuestran poca experiencia y poca empatía con los seres a los que lidera.

El jugador Brasileño Socrates, se constituyó en un gran líder político que puso el ejemplo en años de la dictadura en Brasil, cuando implementó una organización democrática en el club de Fútbol Corinthians.


Del mundo del Fútbol, los medios de comunicación han resaltado a menudo la rebeldía de los jugadores. Fiestas en la concentración, consumo de alcohol y otras actividades nada recomendables para su rendimiento deportivo pero acaso esa imagen no responde o reacciona ante un liderazgo por parte del club, del entrenador de una autoridad impuesta que los trata como peones que no piensan más allá de sí mismos y a los que hay que encorsetar en estrictos reglamentos. ¿Acaso los jugadores no son los principales interesados en mejorar su propio rendimiento? Sin duda ellos son los primeros que tienen que estar conscientes que su cuerpo requiere cuidados y que si no los recibe, su carrera profesional se verá recortada irremediablemente.


Socrates, futbolista brasileño con unas inquietudes intelectuales muy por encima de la norma, convenció y lideró en Corinthians para que las decisiones sobre el equipo las tomaran los propios jugadores y staff, logrando lo que se conoció como "democracia corinthiana". Se consiguieron varios éxitos para el club. Fue un período extraño, contextualizado en los que serían los últimos años de la dictadura de Brasil. Durante ese proceso, los jugadores decidían sobre si se concentraban, sobre qué entrenaban, cuando y porqué. El resultado fue un enorme compromiso con el éxito deportivo. Una cohesión inexistente en otros clubes donde el jugador era un mero empleado que tenía que cumplir con las normas y las indicaciones impuestas.

"Eu te proíbo!" Yo te prohíbo.

"Voce nâo pode fazer!" Tu no puedes hacer.

"Quem manda sou eu!" Yo soy quien manda.

"Você tem que obedecer!" Tienes que obedecer.

(Extracto de poesía de Duda Bernardi)

¿Que tan eficaces suelen ser las normas? Creo que la eficacia de la norma depende mucho del compromiso con ella, de la comprensión del porqué se está acordando "no hacer algo". Cuando la población sujeta a una norma tiene claro porqué lo hace, y el para qué, le atañe directamente, lo más probable es que su cumplimiento sea total. Las medidas de coerción social en situaciones de extrema urgencia pueden suponer obviamente un aliciente para que la población haga lo dispuesto por una autoridad pero ahí empieza a sabotearse el compromiso de los ciudadanos con lo dictado por los diferentes niveles de gobierno. Y ante ese des compromiso, pronto se generan conductas de actuación por fuera de ese control. Hecha la norma, dicen que está hecha la trampa.


A lo largo de la historia, prohibiciones realizadas para controlar una conducta bastante socializada, han fracasado estrepitosamente. Le ley seca, la prohibición de la religión cristiana en tiempos de la antigua Roma o muchas otras imposiciones que partieron desde el ideario de un legislador sin tomar en cuenta la sensibilidad y conciencia de la población hacia el problema que se pretendía erradicar. Por ello, no hay normativa que no fracase si no parte de la ciudadanía, de su conciencia como comunidad.


He aquí un tema importante, la conciencia colectiva, el grado de pertenencia de un individuo en una comunidad es muy variable de una sociedad a otra, de un país a otro. En China, la tradición confuciana ha calado muy hondo en el ideario popular y en las raíces culturales de todo ciudadano chino. Su respeto por las normas y su disciplina comunitaria son mucho más profundas que en otros países latinos, por ejemplo. En México, la corrupción de su clase política ha generado des compromiso y distanciamiento entre la población y los diferentes gobiernos. La dura realidad ha llevado al ciudadano mexicano a una exaltación del individualismo propias del libre mercado pero sin la compensación colectiva que supone un espíritu patriótico realmente instaurado. El espíritu patriótico no es participar de una fiesta sino sacrificar el yo por el nosotros. Ese sacrificio solo aparece en los libros de historia pero es más difícil encontrarlo en el día a día.


Reparemos ahora en una cuestión que el analista de ESPN, Stephen A. Smith ha realizado en relación con la concentración de los jugadores de la NBA por motivo de la pandemia y por control de la higiene sanitaria, en Orlando durante aproximadamente tres meses: "¿De verdad creéis que alguien va a estar sin sus esposas o sin mujeres?". Las estrictas normas impuestas para preservar a los jugadores de cualquier contagio impiden por ejemplo, recibir visitas. ¿es esto posible? Desde luego, para que la norma sea efectiva, más allá del control de accesos que pueda existir, requiere de un extremo compromiso por parte de los jugadores que si bien reciben sueldos bastante altos por hacer su trabajo, no dejan de ser seres humanos con deseos y necesidades. Aquellos jugadores que no compartan la norma, probablemente buscarán la clandestinidad para satisfacer sus deseos. ¿no creen? ¿y tal vez actuar en la clandestinidad conlleve un riesgo mayor para el objetivo de la organización que permitirles ciertas visitas de forma regulada?

Así pues, parece que un factor clave para aumentar la disciplina colectiva es la educación. Y el deporte es un medio muy propicio para procurar esa lealtad hacia valores comunitarios. Especialmente los deportes colectivos, donde el equipo viene a representar la comunidad a la que se pertenece. Muchos jugadores aprenderán a realizar esfuerzos totalmente solidarios por el bien de los otros, y llegados a cierto grado de compromiso, se privarán de ciertas cosas en pos de rendir más para el equipo.


¿Son tus entrenamientos obligatorios? No. En absoluto. No tiene sentido que lo sean, porque enseguida que un entrenamiento no suponga una mejora para el jugador, una diversión o algo que lo reconforte, dará igual si es obligatorio o no, dejará de asistir. ¿Quiere decir que no hay normas en tus entrenamientos? Sí las hay. Dependiendo de la edad, procuro hacer partícipes a los jugadores. Intento elegir democráticamente a los "capitanes" y a través de ellos hago que muchas decisiones se tomen entre todos. A veces, tomo unos minutos al principio de la clase para explicar lo que vamos a entrenar porque sé que aunque sean niños, entrenarán más convencidos si lo hacen sabiendo para qué sirve lo que harán , en qué los mejorará.

Con ciertas edades, el liderazgo es más vertical y menos participativo pero igualmente los chicos pueden comprender lo que se pretende hacer y ello genera un mayor compromiso con lo que se hace, con el esfuerzo, con la auto exigencia.


Entramos pues en otro aspecto clave, de las normas y reglamentos. Toda norma obliga al individuo a acotar sus conductas, a dejar de hacer algo que probablemente antes hacía pero ...¿a cambio de qué?. Si un reglamento sólo acota nuestra libertad pero no nos aporta nada en ningún sentido y no hablo de lo material sino a valores como seguridad, bienestar, etc., tal norma no persistirá en la comunidad. En España acaban de hacer obligatorio el uso de la "mascarilla" en todo momento, se esté sólo o acompañado. Evidentemente acota nuestra libertad de poder ir cómodamente por la calle sin que nada nos de calor o nos dificulte respirar, pero a cambio de esa perdida de libertad, recibiremos cierta "garantía" de no contagiar a nuestros seres queridos, de no obstruir la sanidad pública y colapsar el sistema. Nadie se ha quejado por ello. Probablemente el precio a pagar sea poco a cambio del beneficio a recibir. Para ello, hubo que concienciarnos a los ciudadanos del porqué y para qué de esa norma.


A menudo, los entrenadores o directores deportivos imponemos una serie de normativas que nuestra comunidad no entiende. Esto genera conflictos y desde hace tiempo vengo apelando a esa aportación por parte de las escuelas. Más información. Puedes obligar a las familias a participar en una liga o puedes convencerlas. ¿cuál crees que tendrá más éxito? Puedes obligar a tus jugadores a calentar o puedes enseñarles para que lo hagan solos y sean conscientes de que tal actividad previa les ayuda para que no se lesionen. Los primeros conseguirán que calienten pero cuando esos niños jueguen en el parque o lo hagan ya de más adultos, probablemente acaben lesionándose. Los segundos evitarán muchas lesiones menores por haber entendido que el calentamiento es necesario. Pero ¿que ocurre con las normas que se imponen para beneficio de quien la implanta o para solo unos pocos? Ocurrirá simplemente que por más medidas coercitivas que se impongan, no se cumplirá.


Para Platón, el gobierno del más sabio era lo ideal en contra punto con la democracia (gobierno de las masas), la plutocracia (gobierno de los más adinerados) o la tiranía (gobierno de los más fuertes). Eximiremos al entrenador de ser el más sabio pero al menos sí de abanderar el bien común. Podrá ejercer un liderazgo más participativo o menos pero siempre viendo por lo colectivo por encima de sí mismo. Esa visión global, de conjunto, profunda capaz de hilar la interrelación de todos los elementos que componen el sistema es lo que se le pide a los gobernantes, para que no acaben matando a la sociedad que pretenden proteger.


Por último, no querría dejar pasar la ocasión de denunciar la perdida de libertades que están ocurriendo bajo el pretexto del covid 19. No salir de casa durante un tiempo es legítimo, pero hacer de lo "provisional", la norma para combatir el COVID es como sanar piernas, amputando. La desactivación de todos los servicios bajo prescripción primero municipal y finalmente estatal, está llevando a la ruina a muchos negocios. El 18 de mayo, el alcalde de San Pedro Garza García emitía un video donde explicaba la imposibilidad de permanecer cerrados por más de dos meses pero aun a día de hoy no ha permitido la apertura de muchísimos servicios. Él mismo acertaba en su predicción, indicando que si no se regulaba la reapertura, los negocios iban a trabajar en la clandestinidad. Es justo lo que ha ocurrido.

Vista del entrenamiento realizado con autorización municipal para realizar un video explicativo del PROTOCOLO DE ENTRENAMIENTO en período de contagio comunitario por COVID 19.


Se prohibieron las actividades deportivas pero, ¿ha dejado la gente de entrenar? Afortunadamente no. Tal y como ocurriera con la ley seca promulgada en EEUU a principios de 1919, la prohibición del consumo del alcohol, no impidió que el negocio prosperara en la clandestinidad, pero con unas consecuencias gravísimas para la sociedad norteamericana de las siguientes décadas. Ahora, el fútbol ha sido prohibido pero se sigue entrenando en clandestinidad. No se regula ningún protocolo de actuación para ir a domicilios o a parques y seguir entrenando, al tiempo que se ha encarecido el servicio o abaratado el trabajo de muchos entrenadores que tienen que moverse hacia diferentes destinos exponiéndose mucho más que si lo hicieran en una cancha debidamente acondicionada y bajo estrictos protocolos de actuación. Por supuesto no se pagan impuestos de esas actividades que bien podrían ser destinados a la compra de material sanitario o al acondicionamiento de espacios hospitalarios que en estos momentos son tan necesarios.


Hace unos días, un buen amigo me confesó que se sentía mal por estar entrenando a unas alumnas pero que no tenía más remedio. Muchos entrenadores están pasándolo mal señores, y están buscándose la vida como buenamente pueden. Animé a mi amigo a seguir haciendo entrenamientos, fútbol clandestino, como ahora animo a las autoridades a dejar sus miedos a un lado y pensar en el bien común de forma consciente y profunda. Pensar en las raíces del problema y concienciarnos a todos sobre las normas que son in negociables para salvaguardar la salud de la comunidad y ejercer un liderazgo valiente hacia protocolizar y regularizar la reactivación económica de todos los sectores. No quiero que una señora acuda a cortarse el pelo a un domicilio particular, quiero que lo haga en un establecimiento especialmente acondicionado, con protocolos para evitar los contagios que reciban algún tipo de supervisión. No quiero que mis alumnos dejen de entrenar y sería preferible para todos entrenar en una cancha bajo estrictos y rigurosos protocolos; pero lo deseo mucho menos es que dejen de entrenar más de medio año de sus vidas.

Si las actividades se regulan, se podrían realizar con un mayor control sanitario que si se realizan de forma clandestina. El video en cuestión demuestra que se puede ENTRENAR con plenas garantías de no contagio para las familias pero las autoridades han dejado en visto nuestros continuos llamamientos.


El virus del COVID ha llegado para quedarse, por desgracia una buena temporada. Esperemos una vacuna nos pueda liberar de esta pesadilla y nos devuelva la posibilidad de disfrutar de nuestra vida, pero más allá de este virus que estoy seguro que superaremos, preparémonos como sociedad a actuar cívicamente pensando siempre en el bien común. Sólo la educación cívica nos liberará de otras pandemias para las que no hay vacunas ni reglas. Pandemias como la violencia machista (prohibida desde hace muchísimo pero por desgracia vigente); no hay vacunas para la contaminación, para la pobreza, etc.; para todas ellas requerimos forzosamente EDUCACIÓN.


POSDATA. Cuando esto acabe, señalaremos a las autoridades que llevaron a la clandestinidad los remedios infalibles para la salud y esperemos lo hayan hecho para aumentar el deseo (en un acto de inusitada finura intelectual); aunque me temo sus razones responden más a ignorancia crónica. Pero que ningún profesor señale a otro compañero por hacer un bien para la sociedad: promover el deporte.


Como cada viernes, agradezco si les gustó el texto, nos dejen sus comentarios y compartan con otros profesores o familias del fútbol.


JUAN ANTONIO GALLARDO BUENO

 
 
 

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